La polaca se podría haber conformado con ser una leyenda del deporte paralímpico, pero decidió cambiar: en Río compitió por tercera vez en unos Juegos Olímpicos.

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Cuando se ve jugar a Natalia Partyka a uno se le olvida que nació con una malformación en el brazo derecho. La tenis mesista polaca, única que disputa los Juegos Olímpicos de Río y luego los Paralímpicos, ha conseguido lo que aspiran todos: ser vista como una igual.

Nacida en Gdansk, al norte de Polonia, destacó a temprana edad en este deporte. A los 11 años participó en los Juegos Paralímpicos de Sydney 2000, y se convirtió en la atleta más joven en competir en el evento. A los 15, en Atenas se colgó por primera vez la medalla de oro.

Cuando llegaron los de Beijing 2008, la polaca tuvo un premio extra. Basando su juego en una zurda letal, y buen saque, se ganó un lugar en el equipo de Polonia para ser parte de la competencia oficial: fue la primera tenis mesista paralímpica en competir en unos Olímpicos.

“Qué puedo hacer al respecto? Nada. Sólo quiero jugar y dar lo mejor de mí en cada partido”,afirmaba en Londres 2012, consultada sobre la falta de su brazo derecho, luego de clasificar por primera vez en la categoría individual: perdió en segunda ronda ante la holandesa Jie Li.

En estos años, la polaca se ha convertido así en un ejemplo a seguir. En Rio 2016, pese a despedirse rápido de la competencia por equipos, se fue ovacionada del gimnasio. “Día a día sigo aprendiendo y se que todavía me falta para llegar a mi techo y poder ser más competitiva en los Juegos Olímpicos, que son más profesionales”, afirmó.

Ahora, prepara con la misma dedicación su revancha en los Paralímpicos, donde buscará colgarse por cuarta vez la medalla dorada.

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