Inma Sanchís

Tengo 28 años. Nací en Las Palmas de Gran Canaria y vivo entre San Francisco (EE.UU.) y España. Vivo con mis dos niñas: Adel y Cayla, dos labradoras. Estudié la vida. Hay que mirar por el progreso mientras se protege a aquellos que no tienen opciones. Creo en una fuerza mayor.

Me quedé ciego a los 8 años. Lo que vi hasta entonces es lo que usa mi cerebro para seguir creando imágenes. A través del olor, el tacto y el sonido veo, no son imágenes reales, pero a quién le importa.

¿Fue traumático?

Los ojos me dejaron de doler, y eso fue un alivio. Siendo niño, quedarme ciego significó una adaptación más.

Su hermano mayor también quedó ciego.

Sí, a los 10 años. Nos llevábamos once y a los 18, justo antes de que yo me quedara ciego, desarrolló una esquizofrenia. Creo que fue por falta de estimulación, porque en Marruecos no es posible escolarizar a los niños con discapacidad. Allí somos muebles. Él no salía de casa.

¿Por eso a usted le dio por nadar?

Sí, yo tenía la paranoia de que me ocurriría lo mismo. Aprendí a nadar después de quedarme ciego. La natación fue mi salvavidas, pero no entraba en mi cabeza que yo pudiera ganar una medalla en los Juegos. No decides convertirte en un deportista de élite, es gradual: la recompensa del trabajo bien hecho es más trabajo.

Aun así no debió de ser fácil.

Tuve una crisis muy grande, y buscando soluciones topé con un consejo que repetían los gurús de la autoayuda: márcate un objetivo y ponlo por escrito. Y yo escribí: “Quiero ser feliz sin importar lo que pase fuera”.

¿Qué pasaba fuera?

Cuando salí del internado de la ONCE y fui a un instituto me convertí en el ciego, esa era la característica por la que me definían. Me lo creí, así que vivía por debajo de mis posibilidades.

Tiene usted una lucidez envidiable.

Si dejamos que la gente nos etiquete o esperamos que los demás nos salven, si ellos creen que sólo podemos llegar a un dos, no pasaremos de ahí. Decidí dejar de ser víctima.

Son nuestros miedos los que nos condenan a una vida insípida. Yo tengo una norma básica: si algo me da miedo lo hago, por eso participé en el Ironman de Lanzarote, porque no me atrevía a correr más de 3 km, por eso subí el Kilimanjaro o me mudé a EE.UU. sin saber inglés.

Hay que vencer la resistencia.

Sí, esa fuerza interna que nos dice a todo que no, ¿para qué?, quédate tranquilo, no te muevas… y así nos vamos reduciendo.

¿Y qué hizo?

Me marqué el objetivo de batir un récord del mundo y empecé a entrenarme mental y emocionalmente en la piscina. Hay que cambiar el discurso interno. Borrar los miedos. Vivimos muy condicionados, por eso el verdadero reto es romper los límites que nos hemos impuesto.

¿Qué valor tienen para usted las medallas?

En el deporte de élite vales lo que ganas. Y lo que ganas son medallas que acaban en un cajón. El premio es el respeto hacia ti mismo.

Los sentimientos no son lineales.

Cierto. Hay épocas en las que piensas que tu vida es una mierda. Puedes dejarte llevar por la inercia o hacer del futuro un acto de fe.

¿Cómo se ha construido?

Leyendo muchísimo. Buscando respuestas me di cuenta de que todo radica en el sentido que le demos a nuestra vida. Yo quería mejorar para que las personas vieran a los ciegos de una manera distinta, ahora las ayudo como coach.

¿Cuál es la pregunta más importante que se ha hecho?

“¿Por qué tengo que ser como los demás?”… “¿Qué es la normalidad?”… De ti depende decidir si te vas a entregar realmente a la vida o no, si estás dispuesto a equivocarte para evolucionar, si quieres aprender todo lo que la vida tiene que ofrecerte, si vas a realizar ese esfuerzo.

Usted no se lamenta.

A menudo creemos que lo que nos ocurre es terrible y que sólo nos ocurre a nosotros. Falso. Lo más importante que he aprendido es a no tomarme demasiado en serio, ni a mí, ni a la vida, ni a las cosas que pasan.

A veces nos ponemos metas que cuando las conquistamos nos decepcionan.

He sentido eso varias veces, pero luego le paso el filtro y obtengo aprendizajes. Detrás de la búsqueda de una meta hay otros sentimientos como el deseo de que te amen. Sería más sencillo buscar ese amor directamente.

¿Y si no quieres más que estar a gusto?

El éxito es vivir tu vida en tus propios términos, en mi caso consiste en contribuir a mi entorno, porque creo que no tener esas conexiones emocionales con los demás es como estar muerto.

¿Qué ha comprendido de la felicidad?

La felicidad es una decisión que solemos abandonar en cuanto algo se tuerce un poco.

¿Qué ha sido lo más difícil?

Darme cuenta de que no tenía que demostrarle nada a nadie. Al final el único aplauso que te llevas es el propio. Déjeme que ahora pregunte yo: ¿qué es para usted la ceguera?

Un misterio.

Entonces estamos de acuerdo. Si algo querría transmitir es que tememos muchas cosas que jamás ocurren. Es esencial centrarse en lo que tenemos en lugar de lo que nos falta, y eso implica aceptar que tenemos miedo.

Parece que nos tiene que ocurrir una desgracia para ponernos las pilas.

El dolor es un maestro maravilloso, pero en el día a día aplacamos las insatisfacciones comiendo en exceso, bebiendo, fumando, con relaciones esporádicas… Lo distraemos, pero siempre vuelve, hasta que le hacemos frente.

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