El yudoca Jorge Lencina afrontará su sexto Juego, tres olímpicos y tres paralímpicos. No asegura el podio, pero sí que se ha preparado para traer su tercera medalla.

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Cuando el cordobés Jorge Daniel Lencina pise el tatami en los Juegos Paralímpicos de Río, a partir del jueves próximo, se convertirá en el único deportista argentino que habrá participado en tres Juegos Olímpicos (Atlanta 1996, Sídney 2000 y Atenas 2004) como en Paralímpicos (Pekín 2008, Londres 2012 y Río 2016), obteniendo además dos medallas paralímpicas y un diploma olímpico.

Esa experiencia, más allá de las estadísticas y medallas, le ha dado una visión amplia sobre el contexto en el que se desenvuelven, el valor que los diferentes deportistas le dan a cada cita y el clima de convivencia en la villa olímpica.

“Creo que soy uno de los pocos que salió de lo convencional y pasó a paralímpico. No sólo que salió sino que pude clasificar, porque en los paralímpicos clasifican 10 en el ranking mundial. Se hace muy corta la cantidad de participantes y uno se tiene que exigir un poco más”, se sincera.

Hace varios años que Lencina es uno de los mejores yudocas del mundo en hasta 90 kilos. De hecho a Londres 2012 asistió como el segundo mejor del ranking mundial, y hoy ocupa el sexto puesto. ¿Las razones? “Apareció gente nueva muy buena, y segundo en el Mundial de Estados Unidos 2014 iba ganando la final de zona frente a un ruso para pasar a la final del torneo, me desgarré y no pude seguir luchando. Perdí una buena cantidad de puntos. Si hubiese llegado a la final hubiese estado mejor ranqueado”, asegura.

–¿Se pueden comparar los Juegos Olímpicos con los Paralímpicos?

–En nuestro deporte, el yudo, prácticamente no hay diferencia, y lo vivimos como si fuese igual por el tema de la clasificación y demás cosas. En cuanto a vivencias realmente me ha llenado mucho más el Paralímpico, ha sido más gratificante. Ver tanta superioridad deportiva, con chicos con discapacidades que ni te imaginás y que están en un juego paralímpico, ver que se superan día a día… eso llena mucho, eso es lo que disfruto más. Ver, por decir, que un chico ciego lleva a un chico en silla de ruedas. Son cosas lindas para verlas. Es la posibilidad que te da el deporte; cualquiera sea la discapacidad te das cuenta que hay un lugarcito para hacer la actividad deportiva.

–¿Es menos competitivo que el deporte convencional?

–No, no es menos competitivo. Por ahí tenemos un sistema de clasificación muy parecido, nada más que en lugar de clasificar a 25 luchadores entran 10 más el organizador. Pero habrá una política diferente. A partir del año que viene hay nueve salidas internacionales, el comité paralímpico quiere estar muy a la par del comité olímpico, ya sea en competencias, o sistema de clasificación.

–¿Te da alguna ventaja deportiva haber vivido los Juegos Olímpicos?

–No, con la modificación de la regla no tenés ventaja, al contrario. Me tuve que adaptar mucho. Nosotros empezamos agarrados, a diferencia del convencional, y es una postura muy complicada para el que viene de ser convencional porque salís dominado, en una posición bien erguida, no tenés perfil, tenés que estar derecho. Me tuve que adaptar a eso y me sentí incómodo. De hecho los chicos que nos dan una mano y practican con nosotros se dan cuenta que es bastante complicado. Es la única diferencia que hay. No me siento beneficiado, de hecho he perdido con ciegos. Diría que está a la par y es igualitario.

–¿Cómo se clasifican los disminuidos visuales?

–En mi caso tengo deformación de cornea, con astigmatismo, miopía en un grado elevado, más una pequeña fisura. Hay tres medidas: el B1, B2 y B3. El B1 es ciego total, el B2 tiene una disminución de hasta 5 metros, y el B3 es hasta 10 metros, pero también con dificultades muy visibles. Hay ciertos parámetros que hay que cumplir. En la lucha te puede tocar hasta un ciego. Los tres niveles luchan juntos, no están separados. Muchos chicos ciegos se desenvuelven igual de bien, no andan con bastón y la gente piensa que ve.

–Tenés 41 años y 24 años concurriendo a los Juegos.

–Sí, toda una vida. Cuando estuve en Londres 2012 decía que para Río faltaban cuatro años, parecía mucho pero nos encontramos a días. El tiempo pasa muy rápido. El apoyo de la familia, de gente muy buena, es la que te hace seguir. Claro que no tuve muchas lesiones. Sería egoísta subirme a una colchoneta si estuviera lesionado. Por ahí son las cosas a favor que veo, y a uno le dan ganas de ir cumpliendo objetivos.

–Para eso hiciste del entrenamiento una rutina.

–Es la base de todo. El deporte de alto rendimiento es insalubre, te esforzás al máximo, exigís el cuerpo a más no poder, y el que logra estar y vivirlo, lo disfruta de otra forma. Para ir obteniendo resultados, lo peor que podés hacer es relajarte. Si un deportista de alto rendimiento se relaja, no le veo resultado a futuro. Más ahora con el tema de la edad. Tengo que seguir entrenando para seguir estando al nivel. Si no entreno me va alejando del grupo y eso es lo que no quiero. Pero me ha dado resultado, porque con la cabeza, entrenamiento y demás, estoy entre los cinco mejores del mundo.

–¿Cuáles son tus chances de medallas?

–En este período de cuatro años han crecido todas las categorías, y la mía no es la excepción, al contrario. Somos cinco o seis que tenemos la misma chance de subir al podio. Depende de cómo lleguemos cada uno ese día de la competencia, ahí se va a ver la diferencia. El nivel está muy parejo.

–Estos 24 años representando al país en este nivel, ¿qué crees que dejan?

–Mi idea es devolver un poco lo que fui aprendiendo a lo largo de los años, a la gente, a la sociedad, sobre todo a los chicos para que salgan de la calle. Ojalá que eso vaya cambiando porque la única forma es con la difusión. El que no nos ve, no sabe que existe. Me encanta dar clases, dejar lo que he ido aprendiendo todos estos años, y ahora tenemos buenas ideas para que crezca el judo adaptado. Queremos desarrollar un semillero. Apenas vuelva de Río me pongo a trabajar en eso, porque queremos que crezca.

–Ganaste dos medallas, podés traer tres consecutivas.

–Fueron dos bronces, en Beijing 2008 y Londres 2012. Me encantaría hacer podio, no puedo asegurarlo, pero sin dudas mi cabeza está en subirme y colgarme una medalla. Tres medallas consecutivas estaría bien. Me encantaría, hemos trabajado mucho. De todos modos estoy conforme por haber clasificado, jamás me relajé, entrené, y espero llegar de la mejor manera a ese día.

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