EFE

El saltador de longitud alemán Markus Rehm, que sufrió la amputación de la pierna derecha tras un accidente de navegación hace varios años y compite con una prótesis, demostró en Río de Janeiro su superioridad en los Juegos Paralímpicos, tras renunciar al proceso judicial que lo hubiera podido llevar a ser el nuevo Pistorius.

Rehm, que saltó 8,40 metros en 2015 para ganar los Mundiales en categoría paralímpica, renunció hace unos meses a intentar participar en los Juegos, como hizo el sudafricano Oscar Pistorius hace cuatro años en Londres.

A Rehm le hubiera gustado seguir su camino y participar en los Juegos Olímpicos, pero tras el caso de Pistorius, cuyo recurso a la Corte Arbitral del Deporte obligó a la Federación Internacional de Atletismo a levantar la prohibición, el organismo endureció sus normas.

Para acudir a Río, Rehm debía embarcarse en un largo proceso judicial para probar ante la IAAF que su prótesis no le aportaba ninguna ventaja si quería competir con deportistas no discapacitados. En su caso el debate reside en si la prótesis que usa beneficia al impulso en el salto, al poder actuar como muelle.

La dificultad de encontrar una vía con ciertas posibilidades de victoria judicial fue uno de los detonantes para que Rehm decidiera competir en los Juegos Paralímpicos. El otro fue la conclusión del estudio científico que hizo público el 30 de mayo de este año, que estimaba que era “difícil, si no imposible” determinar si un deportista paralímpico podría obtener ventaja deportiva con su prótesis en una competición.

Ese estudio, que se realizó en colaboración con institutos científicos de Colorado (Estados Unidos) y Tokio (Japón), aseguraba que los atletas que usaban prótesis estaban en desventaja cuando realizan la carrera de impulso, aunque su técnica de salto podría verse mejorada.

“No me preocupan las medallas, se trata solo de dar visibilidad al deporte paralímpico”, dijo el saltador alemán, cuya marca de 8,40 metros supera a la de los tres últimos campeones olímpicos de longitud: el estadounidense Jeffrey Henderson (8,38 en Río 2016), el inglés Greg Rutherford (8,31 en Londres 2012) y el panameño Irving Saladino (8,34 en Pekín 2008).

En la prueba de Río, Rehm ganó con solvencia con un salto de 8,21 metros, un registro que ha sido récord paralímpico. La plata fue para el holandés Ronald Hertog, que saltó 7,29 metros, y el bronce se lo llevó el alemán Felix Streng, que hizo 7,13.

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