El nadador brasileño Daniel Dias se despidió frente a su público de manera heroica

vivelohoy.com

Después de años de preparaciones, meses de especulaciones y semanas de festejos, Río pasa a ser parte de la historia. Las expectativas de estos Juegos, celebradas en un país con tanta inestabilidad política y problemas económicos eran tan bajas, que fueron superadas en casi todos los aspectos.

Las estrellas fueron muchas y las historias incontables, pero quizá nadie va a poder olvidar a tres atletas en las disciplinas más populares: Usain Bolt que fue un héroe dentro y fuera de la pista de atletismo. Con su carisma lograba envolver al público y usar la energía de los 80,000 aficionados del estadio a su favor. Los menos de 10 segundos que tardó en recorrer esos 100 metros son quizá los más intensos que se viven en el mundo del deporte.

La gimnasta Simone Biles que cambió el concepto de lo que se conocía como gimnasia olímpica. La gimnasia era un deporte donde las atletas podían tener máximo 10 de calificación: eso ya no existe. Ahora los atletas pueden elevar su puntuación aumentando el grado de dificultad de sus rutinas. Así, Biles, con su estructura pequeña y muy fuerte, llevó a la perfección rutinas que jamás se habían visto. La historia de Biles que vino de un hogar humilde, donde nunca conoció a su padre, es digna de respeto.

El tercer héroe de la olimpiadas fue Michael Phelps. Él también creció en hogar siendo su mamá la única que lo educó. A diferencia de Biles (que mide 1.45 cm) Phelps era un gigante de niño, al grado que una maestra alguna vez lo humilló en público, pues tenía unos brazos “desproporcionalmente grandes”, la distancia que tiene de mano a mano cuando los abre (el “wingspan”) es de 1.92 m. Bueno… esos brazos (y mucho, mucho trabajo), lo llevaron a ganar 28 medallas en las cuatro olimpiadas que participó. La alberca olímpica fue un manicomio cuando Phelps ganó su decimoctava medalla de oro.

Pero si hablamos de brasileños volviéndose locos lo que ocurrió en los Paralímpicos en la misma alberca olímpica no tiene comparación.

Brasil ya había tenido su carretada de héroes durante las olimpiadas: el equipo de fútbol finalmente le dio a su país esa medalla dorada que jamás habían podido ganar, la ganadas en el voleibol de playa masculino, la de judo que ganó Rafaela Silva que surgió de las Favelas de Río también hicieron que nuestros ojos lloren.

Pero nada se compara con el escándalo que hubo en la alberca olímpica cuando Daniel Dias ganó la medalla de oro en los 10 m libres (S5). Dias ya tenía en su haber 23 medallas olímpicas (13 de oro) que empezó a ganar desde Beijing 2008. Para estas olimpiadas su presencia estaba en duda por lo que hizo de este logro aún más emotivo para los brasileños. Los días de Dias en las albercas han llegado a su fin, pero se retira con la frente muy en alto.

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