Con mucho esfuerzo, participó y redondeó una destacada labor en los recientes Juegos en Río de Janeiro.

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El protagonista de esta historia, Eduardo Gauto, un verdadero luchador, contó su experiencia a Crónica.

Una admirable historia de superación constante es la de Eduardo Gauto, un joven que perdió su visión cuando era muy pequeño pero jamás bajó los brazos. Luego de varios intentos en otros deportes, decidió abocarse al judo, iniciando un largo y destacado recorrido, cuyo último escalón fueron los recientes Juegos Paralímpicos. Tras cumplir su sueño, el próximo desafío del hombre oriundo de Lanús es transmitir sus experiencias y conocimientos a niños y jóvenes discapacitados.

A los cuatro años, Gauto perdió la vista por un desprendimiento de retina y a partir de entonces, acompañado por sus seres queridos, tomó conciencia de que el deporte era la mejor opción para salir adelante. Justamente, a sus nueve años, en su escuela, la Nº 32 de Lanús, repartieron becas para practicar taekwondo y no lo dudó, se inscribió, pero se encontró “con la realidad de no poder hacer lo mismo que otros chicos porque el taekwondo, al no ser de contacto, requiere mucho de la visión”.

Sin embargo, a pesar del frustrado inicio en las artes marciales, siguió su búsqueda y fue entonces que un familiar lo llevó a un club cercano donde enseñaban judo. “Mi tío le contó mi caso al profesor y él aceptó enseguida el desafío”, recordó.

“En un momento me alejé del judo y practiqué otros deportes, como el fútbol y el torball, pero lo que tiene el judo es que no requiere de personas ciegas para entrenar y por eso volví a practicarlo”, recordó. Finalmente se abocó de lleno a esta disciplina, redoblando sus esfuerzos y repartiendo su día entre el entrenamiento y su desempeño laboral como ejecutivo de cuentas en una compañía.

Rutina exigente
Su día comienza a las 5.30, entrena intensivamente por las mañanas y las noches, lo que le permitió alcanzar su máximo anhelo: los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro, en los que logró avanzar hasta la segunda ronda. Sin embargo, Eduardo remarcó que “el logro fue haber llegado”, por lo que ahora ya piensa “en clasificar para los próximos”, a realizarse en Tokio.

En definitiva, su medalla fue haber disfrutado de la competencia con toda su familia. Al respecto, el joven, de 28 años, comentó: “No sólo era la primera vez que estaba en los Juegos sino que también los compartía con toda mi familia, porque vinieron mi esposa, mis hijos, mis hermanos, mis cuñados y mis suegros”.

Cumplido su sueño deportivo, Eduardo reveló que su “próxima meta es difundir la importancia de hacer deporte, dando charlas a niños disminuidos visuales porque lo importante no es lo que haga sino lo que deje”.

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