Gerard Descarrega, medalla de oro en los Juegos Paralímpicos de Río, habló para Capital Deporte tras el acto homenaje de la UCAM y el COE a los deportistas españoles

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Hay cosas que no se ven. Cuando uno se topa con Gerard Descarrega y éste le sonríe puede observar a un chico joven, deportista y amable. Pero hay cosas que no se ven. Detrás de la apariencia hay una historia de superación que ha terminado con un final de oro.

Hay cosas que no se ven, pero se pueden saborear. Londres tuvo un regusto terriblemente amargo para Gerard. Un suspiro le privó de volver a España con un metal colgado del cuello. De ahí a cuatro años su vista empeoró, pero su leyenda se ha agrandado. Hasta él mismo se sorprende de cómo ha cambiado todo en 1460 días, por ello no se atreve a pronosticar nada: “no sé si en dos años seguiré corriendo o si en 50 todavía voy a competir”.

Hay cosas que no se ven, pero cuando oyes hablar Gerard Descarrega tomas conciencia. En todo momento tiene presente la importancia de su guía, Marcos Blanquiño. Es verdad que hay cosas que no se ven, pero un deportista con verdadero olfato de campeón sabe lo importante que es, hasta en las competiciones individuales, un equipo.

No. Hay cosas que no se ven, pero por inalcanzables que parezcan se pueden tocar. No hay cima imposible de palpar para alguien que compite consigo mismo, como Gerard Descarrega, para el que lo más satisfactorio fue “batir su marca, la de cuando veía”.

Definitivamente hay cosas que no se ven, pero se sienten, que es lo importante. Porque muchos pueden ver a Gerard Descarrega ganando la carrera y besando la medalla, pero menos son los que le miran a los ojos y sienten en él a un gran deportista, una buena persona… y un magnífico nieto.

P – Seguro que llegaste a Río con toda la ambición del mundo, pero ¿cabía esperar ese oro?

R– Siempre aspiramos a lo máximo y queremos ganar. Esta vez sabíamos que habíamos entrenado bien y que no nos dolía nada. Hemos soñado con el oro mucho tiempo, pero de ahí a conseguirlo siempre teníamos la duda de que ocurriera algún factor externo. Cogimos el campeonato con muchas ganas. Aunque sonara tópico, nuestro objetivo era batir la marca personal, preferíamos superarla y quedar segundos que hacer un tiempo malo y ganar. Mejorar mi marca personal, la de cuando veía, es lo más importante y lo que más ilusión me hizo, estoy muy contento de haberlo compartido con Marcos Blanquiño (su guía) y vivir la experiencia a tope.

P – Queda lejos Tokio todavía, aun así ¿crees que llegarás con mucha presión al ser el vigente campeón olímpico?

R – Yo tengo la mentalidad como el Cholo Simeone: “partido a partido”. Hay que ir año a año, y el que viene tenemos Mundial. Mi vida ha cambiado muchísimo de cuatro años hacia aquí y creo que puede cambiar mucho más de aquí a los cuatro años que distan con Tokio. Por mí, ojalá estuviera a plena forma y poder revalidar el título estando al 100%. Pero nadie lo sabe, ni yo mismo… no sé si de aquí a dos años correré o estaré 50 más haciendo deporte. Como te digo, voy año a año y con muchas ganas.

P – Se ha especulado mucho con que Río no estaba preparado para acoger unos Juegos. Tú que lo has vivido en primera persona, ¿nos puedes hablar de tu experiencia en ese sentido?

R – A mí la Villa me ha gustado muchísimo la verdad y los transportes estaban muy bien organizados. Estaba un poco lejos la Villa del estadio, todo hay que decirlo, pero entre unas cosas y otras te distraes. Los edificios en la Villa estaban muy nuevos, incluso demasiado, porque tuvimos que quitar el papel de plástico en la habitación y lo tuvimos que quitar. Hubo algún problemilla, como con el agua caliente que se estropeó. Pero la gente, los voluntarios y a organización estuvo muy bien. Le pongo una nota alta.

P – Te lo habrán preguntado más de una vez… ¿A quién va dedicada esa medalla?

R – La medalla va dedicada a mi abuelo por temas familiares. Hubo un problemilla al poco de llegar a Río de Janeiro. Eso al principio me dejó un poco tocado, pero luego me dio fuerzas y fui capaz de transformar la energía negativa en positiva. Va para él y para toda mi familia y la de mi guía, que es quien nos apoya día a día, y sin ellos no estaríamos aquí.

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