Ha sido subcampeona de España en 400 m valla, y además de su pasión por el deporte que concibe como forma de vida, ha superado una de sus pruebas más duras, un cáncer de mama.

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Acaba de ganar la carrera más importante de su vida, y eso que en esta ocasión la valla era mucho más alta que todas las que la atleta Carlota Serrabi ha pasado en la pista. En este artículo os queremos acercar un poco más su historia:

“Empecé en el atletismo con 7 años –cuenta Carlota-. A base de mucho esfuerzo y mucho entrenamiento, paso a paso, incluso me he proclamado subcampeona de España de 400 metros vallas, que es mi especialidad. Pero todo lo que sea correr me encanta. Después de la temporada de atletismo, me gusta cambiar mi entrenamiento y competir en triatlones y duatlones hasta octubre”.

Hace algo más de dos años, con 28, Carlota se descubrió un bulto en el pecho y todo cambió. “Es complicado explicar lo que sentí, supongo que miedo, pero el miedo es nuestro peor enemigo. Así que nunca dejé de pensar en el deporte. Hasta con los puntos en el pecho, bajaba a la pista de atletismo a hacer lo que pudiera. En esas circunstancias, participé en la Carrera de la Mujer de Madrid, con los puntos muy recientes. No pude correrla, pero hice el recorrido andando.

Antes de empezar con la quimioterapia, hacía lo posible por entrenar. Me quedaba ingresada 5 días y estaba deseando salir para ponerme las zapatillas de running. Cuando empecé con las quimios semanales, notaba el cansancio mucho más. Me las daba los martes, pero aun así, ese mismo día bajaba a hacer series. ¡Una locura! Pero lo necesitaba para sentirme viva. Había días en que notaba que no me podía ni levantar, pero apretaba los dientes y me animaba a mí misma”.

“Ha sido duro, pero me ha servido para darme cuenta de cuánto valgo y de lo fuerte que puedo llegar a ser. Me sentí super-arropada y rodeada de energía positiva, lo que me dio fuerza incluso para participar en competiciones en pleno ciclo”.

“Durante la quimio, me apunté al triatlón de la Casa de Campo… mi familia no quería que lo hiciera y yo tenía pensado completarlo despacito, pero una vez allí empecé a ir a más; y al final quedé tercera. Subí al pódium con mi pañuelo y un cartel que decía sí se puede”.

“El deporte es mi forma de vida”

“No he dejado de entrenar ni competir en ningún momento, ni durante la quimioterapia. El deporte es mi forma de vida. Por mi propia experiencia y por lo que he visto con los chavales a los que entreno, sé lo que el deporte puede hacer por las personas y de lo que puede apartarnos. No tenía sentido dejar eso en el momento en que más falta me hacía. El ánimo cuenta mucho contra el cáncer, y poder hacer deporte me animaba mucho”.

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