Este ‘gigante’ de la natación cuenta en su palmarés con un título mundial, tres medallas de plata paralímpicas y un enorme corazón, que le han permitido establecerse como uno de los mejores nadadores del mundo y como gran embajador de la Bucaramanga sin límites.

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Preparado en el partidor del carril número tres, uno de los destinados para los mejores tiempos de clasificación, junto a miles de personas que colmaron las graderías de las Piscinas Olímpicas de Río para ser testigos de la lucha titánica en los 100 metros pecho (SBE), muchos pensamientos cruzaban la mente de Nelson Crispín Corzo.

Aunque ya se había colgado dos preseas del mismo color: en 50 y 100 metros libres, ese jueves 15 de septiembre se enfrentaba a una de las pruebas más difíciles de su carrera como nadador paralímpico.

Antes del pistoletazo de partida, Nelson recordó su duro proceso de preparación; todo el camino que tuvo que recorrer para alcanzar un podio olímpico y evocó las palabras y orientaciones de su técnico, mentor deportivo y gran amigo, el ‘profe’ William David Jiménez.

Además, en esos segundos finales, mirando fijamente el azul cristalino de la piscina del complejo acuático de la ‘cidade maravilhosa’ y con sus extremidades dispuestas para funcionar como potentes remos, se encomendó a sus dos padres, doña Ana Victoria y Luis Antonio, quienes son parte fundamental de la vida de este consagrado atleta.

La carrera no era nada fácil, pues a un lado de nuestro nadador estaba nada más y nada menos que el multicampeón mundial y medallista olímpico el ucraniano Levgenii Bogodaiko, mientras que en el otro costado le respiraba en la nuca el alemán Torben Schmidtke.

A las piscinas de casualidad

Doce años antes de su consagración paralímpica, Nelson Crispín vivía su adolescencia jugando entre los bloques del conjunto Bucarica, en Floridablanca, y estudiaba su bachillerato en la Escuela Normal Superior de Piedecuesta, con cero contacto con el agua de una piscina olímpica.

“En realidad, yo no practicaba ningún deporte. Pero un día acompañé a mi hermano a una prueba de natación que le exigían para entrar en el curso de policía, y ahí conocí al profesor William David (Jiménez). Fue como una especie de amor a primera vista con este deporte”, comenta el campeón de los 100 metros libres, en el Mundial de Escocia.

Y es que a lo largo de su carrera Nelson acumula títulos nacionales, suramericanos, panamericanos y, por supuesto, olímpicos, gracias a su mentalidad ganadora y sacrificio durante más de una década.

“Siempre estoy motivado y con mente positiva. Muchas veces uno echa por la borda una preparación de meses y años para una prueba, por pensar lo que no se debe pensar”, afirma el triple medallista de plata en Río de Janeiro 2016.

Esa preparación y concentración fueron las que llevaron a este santandereano, de 24 años, a disputar frente a un ucraniano y un alemán los puestos del podio olímpico en los 100 metros categoría SB6.

Después de clavarse en la piscina, impulsando su cuerpo con el pecho y los brazos, nuestro ‘delfín’ pensaba en todos los consejos del ‘profe’ Jiménez, en las recomendaciones del psicólogo de la delegación colombiana y en regular sus fuerzas para sorprender a sus rivales en los últimos 50 metros.

“En una prueba tan rápida y dura como esta solo queda darle con todo y concentrarse al máximo, porque por una sola duda o mala planificación, todo se ‘ahoga’ en menos de nada”, cuenta Nelson Crispín Corzo, quien actualmente estudia Cultura Física en la USTA, porque su sueño, además de alcanzar una medalla de oro en los Paralímpicos, es preparar nadadores olímpicos.

Después de los 100 metros más largos de su vida, este nadador santandereano llegó segundo en una de las pruebas más difícil de la natación paralímpica, con un tiempo de 1’21” a solo tres segundos del ucraniano Bogodaiko y por delante del alemán Schmidtke, demostrando que los límites son solo mentales y que el esfuerzo y la dedicación siempre darán frutos, a pesar de los obstáculos y la adversidad.

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