El nadador español no suele faltar a su cita con las medallas en cada competición y en el Mundial de México peleará por un nuevo metal en los 50 metros braza.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

Hay deportistas que logran vencer al paso de los años y mantienen intacto su afán por continuar en la brecha y cosechar éxitos al más alto nivel. Es el caso de Miguel Luque, un luchador que se supera en cada brazada, un valor seguro de la natación paralímpica española que no falta a su cita con las medallas en cada competición. En unos días disputará un nuevo Mundial y volverá a ser una de las bazas más fiables para España.

“Junto a Sebastián Rodríguez y Teresa Perales estoy en el grupo de nadadores veteranos que seguimos cumpliendo y dando guerra. Cada día me siento con ganas, motivación e ilusión por trabajar y darlo todo cada vez que estoy en el agua. A veces he pensado en dejarlo, pero la adrenalina de competir, la libertad que me da y la pasión que tengo por este deporte me hace seguir”, asegura.

Nació con atrogriposis, que le provoca inmovilidad en las piernas. Con 12 años comenzó a nadar en el Club Deportivo San Rafael como “herramienta terapéutica” para mejorar su enfermedad y lo combinó durante diez años jugando al baloncesto en silla de ruedas. “Al final me decanté por la natación, que por mi discapacidad me ayuda a desenvolverme mejor en mi día a día”, confiesa.

En los campeonatos de Cataluña empezó a explotar su talento y fortaleza en la piscina y desde entonces no se baja del podio. Ha sido medallista en los 50 metros braza en los cinco Juegos Paralímpicos que ha disputado, con un oro en Sidney 2000, oro en Atenas 2004, bronce en Pekín 2008, plata en Londres 2012 y plata en Río 2016. Y ya piensa en Tokio 2020: “Estoy con muchas ganas de ir a Japón y pelear por otra medalla”.

A por medalla y mejorar la marca

A corto plazo disputará otro Mundial, competición en la que siempre ha conquistado una presea desde su debut en Mar de Plata (Argentina) en 2002 con un oro. El mismo metal se llevó en Glasgow hace dos años y ahora, con 41 años confía en sumar una nueva medalla a su palmarés. “Entreno para mejorar cada día mi nivel y bajar mis tiempos. El objetivo no es otro que subir al podio y lograr una buena marca tanto en 50 brazas como en 150 estilos”, dice.

Pero el nadador de Granollers es consciente de que no será fácil ya que el campeonato se disputa a 2.300 metros de altura. “Todo puede variar, no estamos acostumbrados a competir a tanta altitud, será un Mundial atípico así que todo está en el aire, lo importante será pelear por medalla y mejorar el tiempo”, añade.

Miguel Luque se congratula por la buena salud que atraviesa la natación española con la irrupción de jóvenes que pisan fuerte: “Nos hacía falta una relevación generacional, el equipo AXA de promesas paralímpicas y los clubes están trabajando muy bien para que salgan chicos con talento y nivel como Óscar Salguero, Nuria Marqués, María Delgado… estoy contento porque la natación está dando sus frutos y hay un futuro esperanzador”.

El catalán se tomará unas largas vacaciones tras el Mundial en México pero en su cabeza aguarda algún reto solidario como el que completó en junio. Junto al alpinista Sergi Mingote cruzó el Estrecho de Gibraltar para ayudar a los niños de la asociación APINDEP, que trabaja por la integración de las personas con diversidad funcional. “Fue una experiencia única e inolvidable, el miedo que tenía era pasar frío, pero cuando empecé la travesía se me olvidó todo y disfruté mucho en cada brazada. Quiero repetir pronto y ayudar a una buena causa”, apostilla.

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