La deportista cacereña acude a México con el objetivo de sumar una presea en el campeonato del mundo de halterofilia paralímpica.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

La decisión de los jueces le privaron de una medalla en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro y de una beca ADOP, pero Loida Zabala no se vino abajo. Ganó poco después la Copa de Europa de Powerlifting ante personas sin discapacidad y le siguió un oro en la Copa del Mundo de halterofilia adaptada. Ahora, la deportista española tiene fijado un nuevo desafío, conquistar una presea en el Mundial de México en la categoría de menos de 50 kilos.

Óscar Sánchez y Loida Zabala

El campeonato se disputará casi dos meses después de la fecha prevista inicialmente, ya que tuvo que suspenderse por el terremoto que asoló el centro del país. “Ha sido una preparación larga e intensa, el cansancio hizo presencia y bajamos un poco el rendimiento. Aun así, lo afronto con mucha ilusión, llevo tiempo esperando este Mundial y me gustaría conseguir una medalla. Voy con un poco de incertidumbre porque desconozco el nivel de mis rivales, pero iré a por todas”, sostiene.

Llega en un buen momento de su carrera y tras cambiar esta temporada de entrenador, ya que se ejercita en Chozas de Canales (Toledo) bajo las órdenes de Óscar Sánchez, del equipo Powerexplosive. “Me está yendo genial, llevo desde mayo entrenando a velocidad, que es un nuevo método de trabajo para mí. Para la primera fecha del Mundial tuve un pico de forma máximo y me salió muy bien un simulacro de competición. Sé que las marcas han bajado, pero espero estar a la altura”, apunta.

Para la haltera de Losar de la Vera (Cáceres) será una competición “especial porque en 2015 estuve viviendo en México durante cuatro meses junto a mi ídolo y amiga Amalia Pérez, de la que aprendí mucho. Será emocionante reencontrarme con ella, es la mejor del mundo”, añade Loida, que siempre viaja con una foto de su madre y con la figura de un elefante como amuletos: “Espero que me sigan dando suerte”.

Camino a Tokio 2020

El Mundial marcará parte de su camino hacia Tokio 2020, ya que necesita quedar entre las mejores para obtener una beca ADOP. “Con el nuevo Plan recibiría una ayuda hasta el octavo clasificado, pero para tener una buena beca que me permita pagar competiciones y material, lo ideal sería acabar entre las cuatro primeras. Y duraría hasta 2020, así que lo voy a dar todo porque no quiero ir ahogada por las necesidades económicas. Aunque tengo la tranquilidad de tener dos respaldos importantes con Liberty Seguros y la Junta de Extremadura”, subraya.

En el Gimnasio olímpico Juan de la Barrera de Ciudad de México, la española confía en subir al podio mundial, como ya hizo en 2011 en los Emiratos Árabes con un bronce. “Soy ambiciosa y siempre aspiro a lo máximo. La favorita es la ucraniana Lidia Solovieva, oro en Río de Janeiro, mientras que el resto estamos muy igualadas. El problema que tengo es que soy hipertensa y competir a 2.300 metros de altitud sobre el nivel del mar afecta a la presión arterial”, explica.

Pero nada frena las intenciones de esta deportista de carácter indomable. Demasiados obstáculos ha tenido que superar en su camino desde que se quedó en silla de ruedas cuando tenía 12 años por una inflamación de la médula espinal que le dejó sin movilidad en las piernas. En el hospital empezó la rehabilitación con mancuernas y a los 18 años descubrió su gran pasión.

“Cuando empecé a hacer pesas aumenté mi fuerza y eso me ayudó a ser más independiente, a vivir con sueños y a olvidarme de las dificultades. Si hoy en día pudiese andar, no sería tan feliz como lo soy ahora. Si volviera atrás, no cambiaría mi situación por nada. La halterofilia me lo ha dado todo y le agradezco a la vida haberme tratado así”, asevera.

A sus 30 años ya ha disputado tres Juegos Paralímpicos, siendo séptima en Pekín 2008 y quinta en Londres 2012 y en Río 2016, donde rozó el bronce. “Lo tuve muy cerca, si me hubieran dado por válido el último levantamiento habría ganado la medalla”, lamenta. En Tokio 2020 puede llegar su momento: “Cada vez me veo más cerca, ya llevo muchos años y el cuerpo asimila con más madurez los entrenamientos. Los grandes deportistas en la halterofilia alcanzan su mejor nivel a partir de los 35 años. Cada día estoy más ilusionada, espero que sea en Tokio donde logre esa medalla”.

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