La deportista española, con dos levantamientos nulos, se queda lejos del podio con una marca de 94 kilos.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

Después de su último levantamiento, Loida Zabala no pudo evitar las lágrimas. El esfuerzo y los exigentes entrenamientos durante toda la temporada se quedaban sin la recompensa esperada. La española llegaba al Mundial de halterofilia paralímpica ilusionada y motivada, con el reto de subir al podio en Ciudad de México, pero se ha quedado sin alcanzar su objetivo tras finalizar en la sexta posición de la categoría de menos de 50 kilos.

La halterófila de Losar de la Vera (Cáceres) no pudo confirmar sus buenas sensaciones en el Gimnasio Olímpico Juan de la Barrera y se quedó lejos del podio. Jaleada por el público mexicano y apoyada por su nuevo entrenador, Óscar Sánchez, empezó fuerte alzando la barra y los discos con 94 kilos que la situaban en cuarta posición.

En la primera ronda las medallas se pusieron muy caras ya que tres de sus rivales levantaron por encima de los 100 kilos. Consciente de que obtener una presea era una misión complicada, la extremeña lo intentó con 99 kilos, pero los jueces dictaminaron que fue nulo. En el siguiente repitió el mismo peso y dos de los tres árbitros no lo dieron por válido. El oro fue para la egipcia Rehab Ahmed (113 kilos), la plata para la vietnamita Thi Linh Dang (107) y el bronce para la turca Besra Duman (106).

Loida abandonó la tarima visiblemente afectada porque estaba preparada para conseguir un premio mayor. La cacereña había logrado esta temporada el oro en la Copa del Mundo de Hungría al levantar 96 kilos, superando la marca de los Juegos Paralímpicos de Río donde quedó quinta. Y en la preparación para este Mundial simuló la competición en su casa y levantó 103 kilos.

Eso fue antes del 3 de octubre, fecha en la que tenía que haber estado compitiendo en el campeonato del mundo, que se canceló tras el terremoto que asoló el centro del país mexicano. Pese a que ha tenido dos meses más para preparar la cita, Loida estuvo un tiempo enferma y tuvo que tomar antibióticos, lo que complicó más el programa de entrenamientos. Además, competir a 2.300 metros de altura sobre el nivel del mar siendo hipertensa también ha sido un hándicap.

Acostumbrada a superar obstáculos desde que se quedó en silla de ruedas cuando tenía 12 años por una inflamación de la médula espinal que le dejó sin movilidad en las piernas, la deportista española no pierde la ilusión y seguirá trabajando para llegar a los Juegos de Tokio 2020. Antes, en 2018 peleará por las medallas en el Europeo de halterofilia paralímpica y en el campeonato de Europa de Powerlifting ante rivales sin discapacidad.

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