A sus 18 años, la nadadora española tiene en su currículum dos medallas en los Juegos Paralímpicos, 11 en Europeos y 10 en Mundiales.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

Con tres meses sus padres la metieron en la piscina por recomendación médica para fortalecer la espalda. Con nueve años ya competía con personas sin discapacidad y con 18, Nuria Marquès se ha convertido en la joya de la natación paralímpica española. Voraz, perseverante y eléctrica en el agua, regresó de Ciudad de México con seis medallas mundiales (tres oros, dos platas y un bronce). Y avisa de que su techo está muy lejos: “Todavía puedo dar mucho más de mí, aún no conozco mis límites”.

La joven de Castellví de Rosanes (Barcelona) debutó en 2014 en Eindhoven en su primer Europeo con cuatro metales, en 2015 repitió el mismo número de preseas en su estreno en un Mundial, en Glasgow. En 2016 se llevó siete medallas continentales en Funchal y tocó la cima con un oro en 400 estilos y una plata en 100 espalda en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro. Este año ha vuelto a elevar el listón subiendo al podio en las seis pruebas disputadas en el Mundial.

“Objetivo cumplido, salió un campeonato de 10. Tuve un bache con el cambio de fecha de la competición, psicológicamente costó un poco porque descontroló la preparación que llevaba. Además, tenía que compaginarlo con los estudios de Fisioterapia en la Universidad, donde me perdí clases y exámenes, pero trabajé duro y el resultado no ha podido ser mejor, estoy muy feliz”, asegura.

Tres oros, dos platas y un bronce

Conquistó el oro en 100 espalda, en 200 estilos y en 400 libre, la plata en 50 y 100 libre y un bronce en 100 mariposa. “La que más me sorprendió fue la medalla de 200 estilos porque no está entre mis pruebas principales. Y el 100 libre la disfruté mucho”, apunta. Hasta en dos ocasiones ganó dos medallas seguidas en apenas un par de horas de diferencia: “Es algo que había entrenado esta temporada, estaba mentalizada para ello, pero la presión en una competición regional no es la misma que la de un Mundial. La clave está en mantenerme activa pero sin estar tensa ni cansarme porque hay que reservar fuerzas y relajarse pero sin dormirme porque después cuesta arrancar”.

Se quedó muy cerca del oro en tres pruebas más, pero se topó con otra estrella de la natación española, Sarai Gascón, triple campeona del mundo en México. “En el agua es una rival más, a la que admiro, no me supone más presión competir con ella, pero sí una motivación para exigirme más”, explica. Tímida fuera de la piscina, en el agua no se arruga ante nadie: “Cuando era pequeña me daba miedo competir y solo pensaba en divertirme. Pero cuando llegan los resultados las expectativas aumentan, salgo siempre a ganar pero sin olvidarme de disfrutar en cada prueba, solo así consigo llegar arriba”.

Para Nuria, uno de los motivos que le han llevado al éxito es que siempre ha entrenado con compañeros sin ninguna discapacidad y le han tratado como a una más. Nació con el fémur de la pierna izquierda más corto y a medida que crecía no lo hacía al mismo ritmo que el de la derecha, así que tras varias operaciones le amputaron el pie. “Competir con ellos me ha ayudado a no sobreprotegerme y a dar lo máximo de mí, nunca me he sentido diferente. Las barreras las tenemos en la cabeza, todos estamos capacitados para alcanzar lo que nos propongamos”, sostiene.

El CAR de San Cugat, su nueva ‘casa’

Ella se propuso llegar a unos Juegos y lo hizo colgándose un oro y una plata. “Cuesta asimilar que fui campeona en Río de Janeiro, es algo muy grande y cada vez que miro las medallas se me pone la piel de gallina. Cuando tengo bajones, me ayudan a levantarme, a darme cuenta de lo que he logrado y a querer seguir luchando”, subraya.

Después de las vacaciones de Navidad comenzará a entrenarse en el CAR de San Cugat bajo el mando de Jaume Marcé con vistas a los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. “Con Juan Carlos Quevedo he aprendido mucho en estos años, en el Club Sant Feliu estaba muy bien, pero para compaginar estudios y natación decidimos que lo mejor era trasladarme al CAR porque tengo la Universidad muy cerca”, explica Nuria.

Tras ganarlo todo a sus 18 años, su reto es “superarme cada día, es lo que me motiva, quiero mejorar en lo que me apasiona para seguir en lo más alto”. Para 2018, su objetivo se centra en el Europeo de Dublin, aunque no descarta batir el récord del mundo en 100 espalda, prueba en la que tiene la plusmarca europea con 1:09.51. “Estoy bastante cerca, es una marca difícil (1:07.66) pero con trabajo y entrenamientos puedo lograrlo”, apostilla.

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