Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

Hace casi 20 años a Simón Cruz le cambió la vida cuando un molino de orujo en el que trabajaba le dañó la pierna izquierda, la cual tuvieron que amputarle por encima de la rodilla. Lejos de venirse abajo salió reforzado del hospital y se agarró al deporte para superar el duro golpe. Desde 2007 es el abanderado español del bádminton adaptado, en el que ha conquistado siete medallas en europeos (un oro, tres platas y tres bronces) y una plata en un Mundial. Ahora busca ponerle el broche de oro a su trayectoria llegando a Tokio 2020, donde esta disciplina debutará en unos Juegos Paralímpicos.

Pregunta.- Arranca una nueva temporada, ¿cómo la afronta?

Respuesta.- Cargado de ilusión y de confianza, ha empezado la cuenta atrás para los Juegos Paralímpicos y no me puedo dejar nada en el tintero, hay que darlo todo si quiero cumplir mi sueño. Soy muy exigente, tengo que ir al máximo en cada competición. El objetivo principal este año es lograr una medalla en el campeonato de Europa en Francia en noviembre, aunque hay varios torneos internacionales importantes en Mallorca, Dubai, Turquía e Irlanda donde buscaré sacar el mayor número de puntos posibles para acudir al Europeo como cabeza de serie.

P.- No se baja del podio continental desde su debut en 2008.

R.- Se me dan bien los europeos, he ido progresando en mi juego cada año y la regularidad es lo que me ha permitido estar entre los mejores. Soy consciente de que este año será más difícil porque ha aumentado el nivel y los jugadores se están preparando mucho más con vistas a los Juegos Paralímpicos. En estos meses voy a trabajar duro para llegar en las mejores condiciones y colgarme otra medalla. Si no lo consigo, sería un fracaso.

P.- En su última competición cayó en octavos en el Mundial ante el número uno del mundo, ¿qué sabor le dejó?

R.- Mi objetivo era llegar a cuartos de final, pero me fui con un buen sabor de boca porque puse en aprietos al indio Pramot Bhagat, que es el campeón. Un dato que demuestra mi progresión es que en 2007, en el Mundial de Bangkok, fue la primera vez que me enfrenté a él y me dio una paliza, solo pude sumar un par de puntos. Esta última vez le hice sudar con dos sets muy igualados (18-21 y 15-21) y al final me felicitó porque se sorprendió con mi juego. La lección que aprendí es que nada es imposible si crees en tus posibilidades, da igual el rival que tengas delante.

P.- ¿Qué tipo de jugador se considera?

R.- No tengo un drop, una dejada o un remate muy bueno, no destaco en ninguna faceta, pero soy un jugador guerrero, muy competitivo, no doy ningún volante por perdido. Jamás me rindo aunque esté en desventaja en el marcador. Esa convicción, positividad y el pelear por retos que puedan parecer imposibles me acompañan desde que tuve el accidente con 22 años.

P.- ¿Cómo recuerda ese momento?

R.- Fue un accidente muy grave, lo pasé muy mal, llegué a pensar que mi vida se acababa ese día. Estuve varias horas con la pierna atrapada en una máquina y era consciente de todo. Al final tuvieron que amputar. Para un chaval de 22 años era un palo duro, tuve bajones pero rápido cambié la mentalidad y me dije: ‘Simón, esto hay que comérselo, la vida te ha dado una nueva oportunidad y hay que disfrutar a tope’. Ahora con una sola pierna hago cosas que jamás hubiese imaginado antes.

P.- Y el deporte fue clave en su recuperación, ¿cómo llegó al bádminton?

R.- Antes del accidente practicaba balonmano, fútbol sala y tenis de mesa. Algunas personas me decían que me olvidara del deporte, pero cuanto más difícil me ponen las cosas o me dicen que no, más me motiva. Me inicié en la natación, pero dejé la piscina ya que tenía alergia al polen del olivo y viviendo en Jaén lo pasaba muy mal. Y descubrí el bádminton por casualidad, no sabía lo que era. Al principio me parecía una locura jugar sin una pierna a uno de los deportes más rápidos y explosivos, pero me enganchó desde que cogí la raqueta. Es mi pasión.

P.- Desde entonces persigue un sueño, los Juegos Paralímpicos, ¿se ve en Tokio 2020?

R.- Estar en Tokio 2020 sería la guinda perfecta a mi carrera. Cada vez que lo pienso se me eriza la piel. Cuando veo por televisión el desfile de unos Juegos Olímpicos o Paralímpicos se me saltan las lágrimas, ojalá pueda estar con el equipo español en Tokio. Estando en el hospital tras el accidente, le dije a mi familia que mi objetivo era llegar a unos Juegos, ahora estoy a las puertas y pase lo que pase no puedo rendirme. Lo voy a dar todo y si no lo consigo, mi conciencia estará tranquila porque habré hecho todo lo posible.

P.- ¿Es su único tren?

R.- Sí, soy consciente de que solo tengo una opción porque a Japón llegaría con 44 años. Y tengo claro que me retiraré tras los Juegos por mí y por mi familia, son muchas horas sin ellos y tengo dos hijos pequeños, Simón y Ángela, mis fans incondicionales, a los que quiero dedicarle más tiempo junto a mi mujer. Sé que estoy viviendo mis últimos años como jugador de élite y por eso estoy disfrutando cada día.

P.- ¿Qué opciones tiene de lograr el billete?

R.- No son muchas, aunque todavía se desconoce cuántos jugadores acuden por categoría. En la mía, clase SL3, parece que solo van los ocho mejores del ranking mundial y ahora mismo estoy el noveno. Quedan dos años y muchos torneos en los que puntuar, así que hay que apretar los dientes, ir partido a partido y entrenamiento a entrenamiento, esa es mi filosofía para alcanzar mi meta. Y rezar un poco (risas). Como suelo hacer antes de cada campeonato, subiré al Santuario de la patrona de Andújar, la Virgen de la Cabeza, para pedirle que me acompañe en este último reto deportivo.

(Visited 64 times, 1 visits today)