El esquiador vasco y su guía afrontan con ilusión y con hambre de medallas los Juegos Paralímpicos en Corea, probablemente los últimos de este mágico tándem.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

Se conocieron en un área de servicio de una autopista de Francia y desde entonces son inseparables. Jon Santacana y Miguel Galindo llevan más de 15 años dibujando sobre la nieve una sincronización perfecta y sumando logros en la élite del esquí alpino. Un tándem de confianza inquebrantable, un equipo luchador y competitivo que se crece ante las adversidades. Una pareja de leyenda en el deporte paralímpico español que busca rematar su exitosa carrera en los Juegos de Pyeongchang.

“Ha sido un ciclo muy complicado con lesiones, con tres entrenadores y cuatro skiman. Hemos tenido que buscar patrocinadores privados porque con los recursos de la federación no era suficiente para mantener el nivel de los mejores. Eso nos ha mermado, pero la ilusión está intacta. Vamos a por todas, a dejarnos la última gota de energía porque queremos subir al podio”, sostiene Jon.

Con 8 años le diagnosticaron la enfermedad de Stadgardt, una grave lesión ocular que provoca que sólo tenga un 5% de agudeza y un 10% de campo visual. Su “locura” por el esquí comenzó cuando era pequeño, “me lo sabía todo sobre el material, me grababa las Copas del Mundo para verlas una y otra vez y les pedía a mis padres que me llevaran en verano a los glaciares para poder esquiar. Es mi pasión”.

Su intachable hoja de servicios abarca ocho medallas en los Juegos Paralímpicos y 14 en mundiales. La primera experiencia fue en Salt Lake City en 2002, donde logró un oro y dos bronces. En 2006, en Turín, compitió dos meses después de romperse la tibia y el peroné. Cuatro años más tarde, en Vancouver conquistó un oro y dos platas. A Sochi, en 2014, llegó tras haber sufrido seis meses antes una lesión del tendón de Aquiles. Pese a ello, ganó un oro y una plata.

El complemento perfecto

Desde 2002 es escoltado por Miguel Galindo, su guía y complemento perfecto en este largo viaje. “Vivía en la estación de Candanchú, así que el esquí lo tenía en la puerta de casa y era difícil no dedicarme a ello. Estuve varios años en el equipo nacional y luego me llamaron para acompañar a Jon. Somos dos piezas que no tendrían sentido la una sin la otra, hemos formado un matrimonio con sus altibajos, pero el buen ‘feeling’, nuestro carácter y la confianza ha sido la clave de los buenos resultados”, asegura.

El aragonés se convirtió en los ojos de Santacana para lanzarse por el manto blanco a más de 100 kilómetros por hora. “El guía tiene mucha responsabilidad, no puedo fallar. Tengo que controlar mi bajada y la de Jon para que pueda intuir cada movimiento. Este deporte tiene un alto grado de peligrosidad”, dice. Tanto es así que hace una década se plantearon dejar de competir en velocidad por la falta de un sistema que diera seguridad al esquiador vasco. La solución fue comunicarse a través de un bluetooth en sus cascos.

“Es un riesgo ir tan pegados pero si me separo no me ve. En slalom, que es la disciplina donde estamos más cerca, Jon me pierde constantemente. Él tiene muy afectada la parte central de la visión y en cada cambio de curva desaparezco de su campo. En las pruebas de velocidad, que vamos separados unos cinco o seis metros, un ligero roce es muy peligroso”, cuenta Galindo.

“Se pasa muy mal en el descenso, aumenta la sensación de descontrol y tengo que luchar con la angustia y con el miedo. Trato de memorizar las líneas, los virajes o cuánto tiempo voy a estar en una curva, pero mi única referencia es la voz de Miguel y cuando lo pierdo es como entrar en una habitación a oscuras pero a 120 kilómetros por hora”, insiste Santacana. Tal es la tensión y el estrés que acumula en cada bajada que acaba fundido y para reiniciar su cerebro y seguir rindiendo al máximo nivel, el guipuzcoano trata de echarse siestas entre manga y manga.

Sus últimos Juegos

El dúo español es consciente de que están ante sus últimos coletazos en la élite del esquí y por ello quieren disfrutar en Corea. “No creo que lleguemos a Pekín 2022 después del ciclo que hemos pasado con tanta inestabilidad y con un proyecto que no está claro. Los resultados en Pyeongchang nos dirán si continuamos en competición un año más o lo dejamos. Tenemos una edad, necesitamos una estabilidad económica y si no optamos a la Beca Adop, será difícil continuar”, lamenta Santacana.

Pese a que deberán lidiar con rivales duros como el canadiense Mac Marcoux, el italiano Giacomo Bertagnolli y los eslovacos Jakub Krako y Miroslav Haraus, los españoles tienen opciones de medalla en las cinco pruebas que disputarán. “Llegamos con buenas sensaciones y posibilidades tenemos en todas las disciplinas. En velocidad estamos un escalón por detrás de los favoritos, pero podemos sorprender otra vez”, asevera Galindo.

A Corea llegan motivados tras ganar este año seis medallas en Copa del Mundo. “Nos ha dado la confianza que necesitábamos porque hemos tenido un invierno complicado, con la reaparición de mi lesión crónica de espalda y con muchas nevadas. Soy bastante realista, podemos ganar medallas, ya que en caso contrario me habría quedado en casa. Pero este deporte tiene muchos factores y un mínimo error te deja fuera del podio”, añade Santacana.

El donostiarra está a una presea del récord que ostenta el catalán Eric Villalón, que tiene nueve, pero no piensa en ello. “No se pueden comparar épocas diferentes, antes había distinción de categorías y ahora todos competimos en una misma clase. Lo importante es sentirme satisfecho con los resultados que he conseguido. En Pyeongchang quiero dar el cien por cien, disfrutar y cerrar positivamente una trayectoria de 18 años”, apostilla.

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