Al piloto asturiano se le escapa la medalla en la última bajada y se queda sin beca ADOP en su odisea por el tobogán helado.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

Israel Blanco sigue empeñado en hacer historia en el parabobsleigh pese a los continuos obstáculos con los que debe lidiar. El piloto asturiano ha rozado las medallas en el campeonato del mundo disputado en Lillehammer (Noruega) tras finalizar en la novena posición a 0,38 segundos del podio, al que acceden los seis primeros clasificados.

El deportista corverano, pionero español en esta disciplina deportiva, estuvo cerca de hacer historia otra vez (en 2017 logró un bronce en el Europeo) con su trineo sobre el tobogán helado, pero un error en la última bajada le privó de llevarse una presea y también de optar a la beca ADOP. “El objetivo era finalizar entre los ocho primeros ya que todo parece indicar que el bobsleigh estará en los Juegos Paralímpicos de Pekín 2022”, ha explicado.

Tras no poder participar esta temporada en las pruebas de la Copa del Mundo porque tenía una herida en la pierna, Blanco se plantó en Lillehammer después de recorrer con su coche 3.600 kilómetros en tres días. “Ha sido un viaje largo y duro, pero como todos los gastos salen de mi bolsillo, era la opción más barata”, ha lamentado.

En Noruega aprovechó para entrenar ya que no puede hacerlo regularmente a lo largo del año porque en España no hay instalaciones de bobsleigh. La competición consistía en cuatro bajadas en las que se suman los tiempos. El asturiano, que con 21 años perdió la pierna izquierda en un accidente laboral y sufrió daños en la derecha, tuvo una buena actuación el sábado siendo noveno y en la primera prueba del domingo hizo su mejor resultado.

“Me salió muy bien, fui quinto y me situé a seis centésimas de las medallas. Pero todo se torció en la última manga, me fue mal desde la curva uno, no fui capaz de meter el bobsleigh en la trazada y lo pasé horrible. Terminé en el puesto 13 en esa ronda y acabé noveno en la clasificación general con un tiempo de 3:53.64”, ha relatado.

Pese a su inexperiencia y tener que medirse con rivales que cuentan con mejores recursos e infraestructuras, Blanco ha demostrado que puede competir de tú a tú con los mejores del mundo, y eso que llevaba un año sin deslizarse por el hielo. “Estoy dolido porque es el tercer Mundial en el que participo y nunca tuve las medallas tan cerca. Ahora mismo no estoy nada contento, pero quizás cuando lo piense fríamente me daré cuenta de que es un buen puesto. Éramos 19 corredores y todos menos yo han competido este año en las pruebas de Copa del Mundo”, ha apuntado.

Ahora le quedan otros 3.600 kilómetros por carretera para regresar a Asturias, donde analizará lo ocurrido en Lillehammer y empezará a trabajar para pelear por nuevos objetivos de cara a la próxima temporada. “Voy a seguir luchando porque me gustaría llegar a Pekín 2022”, ha apostillado.

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