La ‘rider’ catalana, bronce en los Juegos Paralímpicos de Pyeongchang, gana el campeonato de España en Baqueira Beret.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

La imagen de Astrid Fina con las manos en la cara y llorando de emoción sobre la nieve de Pyeongchang quedará para siempre en la retina del deporte español. La ‘rider’ catalana, medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos, ha puesto el broche a una temporada inolvidable con una victoria en el campeonato de España.

En la estación de Baqueira Beret ha vuelto a deslizarse con la tabla de snow tras su hazaña en la cita surcoreana del mes pasado, donde hizo historia al lograr la primera presea paralímpica en snowboard. Ha cerrado su brillante año imponiéndose en la prueba de gigante slalom, que consistía en tres mangas y ganaba el deportista que hiciera el mejor tiempo. Con un minuto y un segundo ha subido a lo más alto del podio, seguida por el asturiano Vic González.

“Se acabó la temporada, necesito un descanso y desconectar. Han sido unos días frenéticos con muchos actos y entrevistas, parece que ahora vuelvo a ser persona (risas)”, comenta. Aun no le ha dado tiempo a deshacer la maleta ni a llegar a casa. “Hasta el día 13 no regreso a Barcelona. Me quedaré unos días en el Valle de Arán para disfrutar con los amigos”, explica.

A sus 34 años le ha llegado su mayor recompensa desde que se inició en el snowboard, un deporte en el que tuvo que aprender desde cero, pero con perseverancia, ilusión y ganas se ha colado entre las mejores del mundo. Empezó 2018 con una plata y un bronce en la Copa del Mundo disputada en Big White (Canadá) y en Pyeongchang tocó el cielo con el bronce en boardercross.

“Mi mayor sueño era ganar una medalla en los Juegos y lo he conseguido. Todavía no soy consciente de ello, tengo que asimilarlo poco a poco. Detrás hay mucho camino recorrido, lo que no se ve es el esfuerzo, el sacrificio, las horas de entrenamientos y el tiempo que pasas lejos de la familia y de los amigos”, apunta.

“Todo salió mejor de lo esperado. Fui abanderada del equipo español, logré medalla y pude compartirlo con mi madre, mi gran pilar, la que siempre ha estado junto a mí en los peores momentos y no se separó tras el accidente de moto”, añade. Ocurrió en 2009 y tras 13 operaciones le amputaron el pie derecho.

Astrid es consciente de que le debe mucho a su otro gran apoyo, Albert Mallol, su entrenador desde que empezó en el snowboard hace poco más de cinco años. El técnico español prometió tatuarse si su alumna lograba medalla en los Juegos: “Todavía no lo ha hecho pero ya está buscando diseño con el símbolo de paralímpicos”. Ella también ha querido grabarse en la piel un momento único en su vida: Pyeongchang 2018.

La próxima semana se reunirá con su equipo para planificar el próximo curso, que podría arrancar en junio. “Ahora quiero descansar e intentar hacer algún deporte de verano. Después ya pensaré en la siguiente temporada, donde el objetivo será conquistar una medalla en el Mundial”, apostilla.

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