El espigado jugador valenciano, que perdió la vista hace cuatro años por un glaucoma, estará en el Mundial con la selección española.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

“La vida siempre te ofrece una segunda oportunidad”. Eso fue lo que pensó Iván López cuando a los 22 años se quedó ciego de golpe. Tocaba empezar de cero, no fue sencillo asumir la ceguera pero fue aprendiendo a convivir con ella y se agarró al fútbol para levantarse y superar los obstáculos. Su espigada figura le convierte en la ‘torre’ de la selección española, con la que ha disputado en solo cuatro años unos Juegos Paralímpicos, un Europeo y en unos días el Mundial de Madrid.

“En 2014 perdí la vista a causa de un glaucoma. Fue muy duro, no me lo esperaba, me dejó destrozado psicológicamente. Vivía solo, ya estaba independizado y de nuevo tenía que aprender a hacer todo lo que sabía, como cocinar, hacer las tareas del hogar, leer y escribir, pero de una forma distinta”, relata.

El balón se convirtió en una vía de escape para superarlo: “Cuando dejé de ver estaba hundido anímicamente, hasta que me dijeron que existía el fútbol para ciegos. Al principio creía que era un deporte donde cuatro tíos lanzaban penaltis y ya está. Luego supe que era mucho más, que había una liga nacional y una selección”.

Su objetivo era vestir la elástica de ‘La Roja’ y jugar campeonatos internacionales. En apenas un año cumplió su sueño, todo ha ido muy rápido para él, aunque reconoce que los inicios no fueron fáciles. “El haber visto me ha dado cierta ventaja en la técnica, en la forma de correr o golpear el balón. Pero la primera vez que me puse delante del balón con cascabel tenía miedo, estaba muy perdido”, asegura.

El joven valenciano, admirador de Ronaldinho, lo que más echa de menos es “rematar de cabeza o hacer filigranas. En mi primer entrenamiento con el equipo de Alicante me puse a hacer bicicletas hasta que me dijeron que no servía para nada, mi rival también era ciego y no las ve”, dice riendo. “Aunque ahora trato de hacer amagos y engañar al adversario con el sonido del balón”, añade.

Iván, que puede vivir del fútbol gracias a una beca del Proyecto FER, ha estado cerca de perderse el Mundial de Madrid (7 al 17 de junio) por motivos personales, pero finalmente ha entrado en la lista del seleccionador Jesús Bargueiras. “Pedí disculpas al equipo porque les dejé tirados a dos meses del campeonato, pero tuve ciertos problemas que me impedían jugar. Tengo una sensación agridulce, estoy contento por estar entre los elegidos, pero un poco triste porque se han quedado fuera algunos compañeros”, explica.

España gana solidez defensiva con este futbolista corpulento de 1,90 metros, con mucho fondo físico, seguro y rápido conduciendo la pelota. “Espero estar a la altura en mi primer Mundial, estoy con mucha confianza y con ganas, será la primera vez que vengan a verme mi novia, mis padres y mi familia”, apunta.

El defensa español confía en que la selección rinda al nivel del pasado Europeo donde conquistó la plata y pueda pelear por el título. “Si nos respetan las lesiones y hacemos una buena fase de grupos quedando primeros, tenemos muchas opciones de hacer algo importante. En el vestuario se respira mucha ilusión, tenemos posibilidades de ganar el Mundial”, subraya.

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