El español conquista el oro europeo junto a su guía Guillermo Rojo en una prueba en la que es campeón paralímpico y del mundo.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

Dos semanas antes del Europeo de atletismo paralímpico, Gerard Descarrega sufrió un esguince de tobillo y el guía con el que ha cosechado sus éxitos desde 2013, Marcos Blanquiño, se rompió los isquiotibiales. A contrarreloj encontró un nuevo lazarillo, Guillermo Rojo, y pese a los pocos entrenamientos juntos, el atleta tarraconense ha conquistado el oro en los 400 metros lisos T11 (ciegos totales).

Era el favorito en una prueba en la que ya logró la presea dorada en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro y en el Mundial de Londres 2017. Al mismo ritmo, con zancadas y braceos sincronizados, mientras las piernas de Gerard aceleraban, los ojos y la voz de Guillermo dirigían su camino hacia la gloria. Dominó fácil y no encontró oposición alguna sobre el tartán del estadio Friedrich Ludwig Jahn.

El mejor cuatrocentista ciego del mundo cruzó la meta con un tiempo de 50.65, que supone récord de los campeonatos, y se quedó a 43 centésimas de la plusmarca europea que él mismo posee (50.22). Aventajó en más de cinco segundos al turco Mehmet Tunc y en casi 12 segundos al israelí Haim Solomovich. Con este oro, el español completa la triple corona en los 400 metros, ya que es la primera vez que se proclama campeón de Europa. En Swansea 2014 también ganó, pero fue descalificado al entrar Blanquiño en meta un par de milésimas por delante.

Además, Descarrega se quita la espinita de la jornada del miércoles, después de ser descalificado en los 100 metros al soltarse de la cuerda que le ata a su guía antes de rebasar la línea. Este es el segundo oro que logra en territorio alemán, el primero llegó en su debut en salto de longitud con una marca de 6,37 metros, récord del campeonato.

Otro éxito más para uno de los abanderados del atletismo paralímpico español, que atraviesa por el mejor momento de su carrera. A los cuatro años le detectaron retinosis pigmentaria, que empezó a agravarse a los 12 años, cuando tuvo que dejar el balón de fútbol y el taekwondo. Poco a poco fue perdiendo visión hasta llegar a la ceguera, pero la falta de luz en sus ojos no ha sido un obstáculo, sino un reto que supera cada día con el atletismo.

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