El palista catalán desgrana su hazaña tras conquistar el oro en el campeonato del mundo de tenis de mesa paralímpico.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

En el deporte hay muchas historias de grandes sorpresas y de héroes inesperados. Jordi Morales ha entrado en ese club tras su hazaña en el Mundial de tenis de mesa paralímpico. El palista español rompió con todos los pronósticos tras conquistar el metal dorado en Clase 7 en la competición disputada en Lasko (Eslovenia).

Jordi Morales, en el Mundial. Fuente: ITTF

“Llegaba al torneo como número ocho del ranking, mi objetivo era ir paso a paso, llegar a las eliminatorias y si tenía suerte, alcanzar las semifinales. Pero en ningún momento entraba en mi cabeza ser campeón, mi nombre no aparecía en las quinielas para luchar por el oro, he sido la gran sorpresa del Mundial. Aun no soy consciente, cuesta asimilarlo, poco a poco iré digiriendo la magnitud del éxito”, asegura.

Y eso que la aventura eslovena comenzó siendo una pesadilla por los obstáculos en el viaje de ida. Primero, Vueling canceló el vuelo y después perdieron las maletas de la selección española a dos días de arrancar la competición. “Un día entero estuvimos sin nuestras pertenencias, con incertidumbre, fue un mal trago”, lamenta. La odisea se tornó en un gran éxito en la competición. El deportista catalán, que fue de menos a más, empezó a tumbar a rivales exigentes hasta plantarse en la final.

“En la fase de grupos tuve muchas dudas, estaba incómodo con la pelota, con la mesa y con mi juego, pero pasé como segundo clasificado con dos victorias y una derrota. A partir de octavos todo fue rodado, en cuartos hice el mejor partido del torneo, gané 3-2 al actual campeón paralímpico, el británico William John Bayley”, relata. En semifinales se deshizo por 3-0 del egipcio Ahmed Sayed Moahmed y en la final volvió a encontrarse con el holandés Jean-Paul Montanus, su verdugo unos días antes.

Jordi recibido por sus compañeros del CN Sabadell

“Me he enfrentado a él muchas veces y en las últimas ocasiones me ganó claramente. Quizás se confió, él era el gran favorito. Decidimos plantear una estrategia diferente, mucho más arriesgada y ambiciosa, mi idea era cambiarle el juego sabiendo que si él fallaba podía ponerse nervioso. Y así fue, se cumplió a rajatabla el plan”, apunta el barcelonés.

Un sueño cumplido

Se impuso con solvencia por 3-0 (11-4, 16-14 y 11-4) para alzar el título que tanto anhelaba. Por equipos había sido dos veces campeón del mundo -2010 y 2014-, pero en individual solo tenía una plata, lograda en Corea 2010. “Me vinieron a la cabeza las dudas que tuve en algunos momentos de mi carrera sobre si dejaba o no de competir, mi trayectoria ha tenido muchos altibajos, he sufrido con algunas decepciones que me costó superar, como quedar en cuarta posición en los Juegos de Londres 2012 y de Río 2016”, subraya.

Pero no claudicó y con perseverancia, esfuerzo y trabajo siguió disfrutando de su pasión. “Tengo un buen palmarés, aunque en individual solo ganaba platas y bronces, mi único oro fue en el Europeo de 2003, así que necesitaba ganar algo importante. Por fin, 15 años después he vuelto a saborear el éxito, es un sueño cumplido. Esa noche dormí con la medalla en mi almohada”, confiesa entre risas.

En este Mundial no solo peleaba por la presea, también por un respaldo económico para los próximos dos años. “Me la jugaba en este campeonato, el año pasado no fui al Mundial por equipos, así que si perdía en cuartos o antes me quedaba sin la beca del Plan Adop. Con el oro se me abre un panorama diferente para preparar con más positivismo Tokio 2020”, explica el director técnico del CN Sabadell.

Morales tiene problemas de movilidad en las piernas y falta de equilibrio porque nació con espina bífida congénita: “Me balanceo en el movimiento por falta de musculatura en la parte posterior de las piernas y cuando estoy de pie tengo que flexionarlas”. Con seis años agarró su primera pala en el colegio en su pueblo en Esparreguera, sentía que sus limitaciones físicas se reducían cuando jugaba con sus compañeros al tenis de mesa.

Con 13 años ganó el oro europeo por equipos y un año después participó en los Juegos Paralímpicos de Sidney 2000. En 2004 logró un bronce en Atenas y en Londres 2012 una plata por equipos. Los de Tokio 2020 serán sus sextos Juegos: “En la siguiente temporada partiré desde el número tres o cuatro del mundo, pero no puedo dormirme, mi objetivo es ser cabeza de serie y quitarme la espinita de los dos anteriores Juegos conquistando una medalla, para ello entreno cada día al máximo”.

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