La valenciana, licenciada en Bellas Artes, se ha convertido en una de las 10 mejores jugadoras del mundo con la raqueta y el volante en apenas dos años.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

Un accidente laboral truncó su carrera como enfermera. Las secuelas derivaron en una distrofia muscular que la dejaron en silla de ruedas y su vida dio un giro radical. Marcela Quinteros encontró en las Bellas Artes una nueva pasión, pero desde hace dos años empezó a esculpir y a dibujar un buen palmarés con la raqueta y el volante. La valenciana se ha convertido de forma meteórica en una de las 10 mejores jugadoras del mundo en parabádminton.

Tras un aprendizaje rápido, con perseverancia, trabajo y espíritu de superación, esta temporada está brillando con numerosas medallas en competiciones internacionales: bronce en Dubai y en Irlanda, dos bronces y una plata en Brasil, y tres oros en Dinamarca. “No entraba en mis planes, jamás lo hubiese pensado. Cuando empecé lo tomé como un desafío y poco a poco voy mejorando en cada torneo. Estos logros me dan un empujón más para situar a España en lo más alto de este deporte”, subraya.

La alicantina acaba de regresar de la ciudad danesa de Odense con un triplete dorado y con la maleta cargada de ilusión. “Nunca había ganado un oro en una prueba internacional, para mí supone dar un paso muy grande, me ha dado un subidón. He trabajado duro para llegar a este momento, he cogido más seguridad en mi juego y estoy contenta no solo por ganar las medallas, sino por la evolución que he tenido, eso me da confianza para afrontar el reto del año, el Europeo”, comenta.

Marcela Quinteros con una de sus obras.

La actividad deportiva nunca había formado parte de su vida, hasta que tuvo el accidente. “Trabajaba como enfermera en la Unidad de Oncología del Hospital de Alicante, me encantaba mi profesión y fue muy duro no poder seguir. La recuperación fue dura y con muchos problemas. Tuve que reinventarme y buscar cosas que me motivaran, así que me licencié en arte y cuando puedo realizo pinturas, esculturas y dibujos. Después practiqué tenis de mesa y pádel, hasta que descubrí el bádminton”, relata.

Loli Marco, su mentora

Conoció a Loli Marco, una de las pioneras de este deporte en España y campeona nacional en 24 ocasiones, que apostó por Marcela y empezó a forjarla. “Es mi entrenadora, se ha involucrado mucho y gracias a ella y a su marido Sergio Llopis, que estuvo en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, he alcanzado un buen nivel. Son mis referentes, junto a Carolina Marín, que ha llevado al bádminton español a lo más alto. Eso me anima a intentarlo también”, apunta la jugadora del Club Bádminton Aspe.

Fue un flechazo, un amor a primera vista cuando se topó con el bádminton durante una exhibición. “Me enganchó y me puse las pilas cuando me dijeron que una persona en silla podía jugar. Me pareció un deporte elegante, difícil y muy técnico. Ha sido mi mejor rehabilitación, me está ayudando a trabajar mis músculos, a moverme mejor y a aumentar mi fuerza mental, ha supuesto un impulso en mi vida”, recalca.

Marcela Quinteros junto a Loli Marco. Fuente: Gomzier

La alicantina asegura que incluso ha descubierto a “una nueva Marcela, en pista soy capaz de expresar mis sentimientos, grito, me cabreo, me doy ánimos… Cosas que habitualmente no hago. Ahora soy muy competitiva, cuando quiero algo voy a por ello con pasión, insisto y si sale mal, lo intento, me esfuerzo y busco otros caminos hasta alcanzar lo que persigo. El bádminton, al igual que el arte, es algo que tienes que trabajar poco a poco, cuidar los detalles en cada golpe”.

Su próximo desafío llegará la próxima semana en el campeonato de Europa en Rodez (Francia). “Llego con mucha confianza, consciente de que me he preparado todo el año para esta cita, quiero darlo todo en la pista, pelear cada punto y disfrutar de mi primer Europeo. Voy con mucho respeto a mis rivales, pero sin miedo y con ganas de lograr una medalla”, añade.

El bádminton debutará en unos Juegos Paralímpicos en Tokio 2020 y aunque es una misión complicada, la española no pierde la esperanza de conseguir uno de los pocos billetes que hay en juego. “Acudirán entre seis y ocho jugadores por categoría y van a prevalecer aquellos del mismo país que juegan dobles. El problema es que piden una jugadora de clase W1 y otra de W2, y tanto Esther Torres como yo somos de la segunda categoría y no podemos disputar esa prueba. Sería un milagro estar en Tokio, pero creo en esa posibilidad y trabajo para ello”, apostilla.

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