La atleta paralímpica, que perdió sus pies en un accidente de tráfico, acaba de batir el récord del mundo en longitud y se prepara para estar en los Juegos Paralímpicos.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

De pasar nueve meses en silla de ruedas y aprender a andar con prótesis a saltar cuatro metros sobre el foso de arena. Con perseverancia y rezumando felicidad y positivismo, Sara Andrés Barrio sigue reconstruyendo su vida bajo el paraguas del atletismo. En el Meeting Internacional de L’Hospitalet voló hasta alcanzar el récord del mundo en salto de longitud categoría T62 con 3,97 metros. Un logro más que engrosa su palmarés deportivo, en el que figuran un quinto puesto en los Juegos Paralímpicos de Río 2016 y dos bronces en el Mundial de Londres 2017.

«Había entrenado duro para conseguirlo aunque me hubiese gustado hacer una distancia mayor. En el primer salto hice 4,14 metros pero no lo validaron porque tenía viento a favor y luego tuve dos nulos con 4,20 metros, así que estoy en condiciones para saltar más, pero hay que seguir ajustando. Llevo menos de un año en esta prueba, todavía no la domino», apunta la madrileña, que vuelve a reinventarse de cara a Tokio 2020.

«Decidieron quitar el 200 y el 400 lisos en el calendario paralímpico para nuestra categoría, por ello me he especializado en los 100 metros, en el que intentaré hacer también el récord del mundo, y en salto de longitud», asegura. Para ella, adaptarse a otro escenario no es algo nuevo. Su vida dio un giro radical en 2011 en un accidente de tráfico que le dejó como secuela una doble amputación por debajo de las rodillas.

«Estuve un mes y medio ingresada en el hospital y me operaron tres veces para que cerraran bien los muñones. Pasar el duelo fue muy duro, pero tuve suerte de estar rodeada de un gran equipo médico y de mi familia que me trataron genial desde el primer minuto. Tuve altibajos, aunque ningún rechazo hacia mi cuerpo. Estuve medicada un tiempo con antidepresivos, pero entendí que la vida me había dado una segunda oportunidad y que mi nueva situación era mejor que estar muerta, debía de valorar lo que tenía y no lo que había perdido», recalca.

Todo cambió de golpe para Sara Andrés, que tuvo que empezar desde cero. «Me sentía como un bebé cuando da sus primeros pasos, andaba con el culo para fuera. Empecé con dos muletas, luego con una y al final me solté», relata. Lo que no perdió fue su sentido del humor y no duda en reírse de sí misma, haciendo de su discapacidad algo tan natural como ella: «Para las personas que pasamos por un trauma así el humor es una terapia indispensable, hago muchas bromas, soy muy gamberra. Por ejemplo, digo que me oxido cuando llueve o que ya no me huelen los pies o cuando voy a la playa y salgo del agua les digo a los niños que hay tiburones», dice riendo.

Su irrupción en el atletismo

Su afán de superación le impulsó a seguir adelante y con el atletismo intensificó esa fortaleza mental que atesora. «Cuando superé lo del accidente quería correr, sentir el aire en mi cara, sentirme ágil y rápida. Los inicios fueron duros, me dolían las piernas porque no sabía cómo hacerlo, hasta que conocí a mi entrenador, Carlos Llanos. Desde entonces me enganchó y se ha convertido en mi vida, me siento libre, afortunada, poderosa y muy viva en una pista de atletismo», asevera.

Con pocos meses de entrenamientos consiguió clasificarse para los Juegos de Río de Janeiro, una gesta que casi truncó un cáncer de tiroides que le fue diagnosticado. «Con la operación y la medicación pensaba que no iba a llegar, pero cuando hice la marca mínima fue la recompensa a tanto sufrimiento. Me sentía una deportista de élite, así que lo disfruté mucho», recuerda. Poco después también le ganó la batalla al cáncer de piel que le detectaron antes del Mundial de Londres hace dos años, en el que ganó dos medallas de bronce.

Sara Andrés ya se prepara para el campeonato del mundo en Dubai en noviembre, en el que buscará su billete para Tokio 2020. Para ello, ha dejado aparcada su labor como profesora de primaria: «Ha sido muy duro porque me encanta dar clase a los más pequeños, pero a la vez reconfortante por tomar la decisión y tener empresas como Cantabria Labs o Sanitas que me han apoyado. No quería quedarme con la duda de ‘y si no hubiera hecho esto…’. Quiero ver hasta donde llego, tengo margen de mejora y cada vez voy a más».

Sara Andrés tras ganar un bronce en el Mundial. Fuente: CPE

Aunque confiesa que echa de menos a sus alumnos, a los que mostró con naturalidad sus prótesis. «Al principio algunos tenían miedo, pero cuando se lo explicas te dicen que quieren tener unas piernas como las mías. Están enganchados al deporte adaptado porque les ponía vídeos de competiciones paralímpicas para que conocieran que existe una gran variedad», cuenta. Recientemente, la atleta ha publicado el cuento ‘¿Sabes quién soy?’ «con la idea de normalizar lo que es normal y romper estereotipos desde pequeños. Es el primero de una saga que tendrá cinco libros y cuentan las aventuras de cinco niños con discapacidad que salen de los problemas con esas habilidades que tienen y que desarrollan».

Su sueño es estar en Tokio 2020 y para prepararlo tendrá que afrontar un calendario cargado de competiciones para foguearse y llegar en las mejores condiciones. «Lo de Río 2016 fue un regalo, soy consciente de lo que cuesta llegar a unos Juegos. Valoro mucho más el sacrificio y el trabajo que hay que hacer. Si consigo una medalla en el Mundial tendré plaza directa y si no, lo seguiré intentando. Ahora siempre veo el lado positivo de las cosas malas», apostilla. Por eso su lema es «prefiero no tener pies y saber a dónde voy, que tenerlos y estar perdida».

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