La gallega, con dos platas y dos récords de España en 100 y 200 metros T12, ha sido la revelación del equipo español en el Mundial de atletismo paralímpico.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

Con el majestuoso Burj Khalifa en el horizonte, Adi Iglesias ha dejado su huella en el estadio Dubai Club for People with Determination. A sus 20 años, la gallega ha sido la revelación y una de las referencias del equipo español de atletismo en el Mundial. Llegaba sin hacer ruido y ha debutado a lo grande, con dos medallas de plata, dos récords de España y el billete para los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. La joven velocista deja de ser una promesa tras consagrarse en el Golfo Pérsico.

Adi, que compite en categoría T12 (engloba a deportistas con deficiencia visual), había avisado este verano del enorme potencial que atesora cuando fue la más veloz de Galicia frente a rivales videntes. Poco después se midió a las mejores atletas españolas en el campeonato nacional absoluto, colándose en una final. Y ahora se ha doctorado en su estreno mundialista con dos preseas plateadas.

La primera llegó en los 100 metros, desplegó su mejor versión para cruzar la meta en segunda posición con 11.99 segundos. Y luego culminó su gesta con otra medalla en los 200 metros lisos con 24.31 segundos. Ambos tiempos suponen marca personal. «Ha sido emocionante, pero no venía con la idea de coger dos medallas. Sí que quería ganar en el 200, que es la prueba que más me gusta y se me da mejor, la llevaba más pulida. En el 100 fue una sorpresa, con una marca increíble, en la final me veía con opciones y corrí con el corazón», explica Adi, que a pesar de no ver las líneas de la pista prefiere correr sin guía.

Adi Iglesias muerde las dos medallas de plata.

La atleta, que entrena Adolfo Vila en el Club Lucus Caixa Rural, mantiene los pies en el suelo y se congratula por los resultados. «No puedo estar más contenta, esto me abrirá muchas puertas a nivel deportivo, pero intentaré que no se me vaya la cabeza. Hice una apuesta con mi entrenador y la gané, rebajé mi marca en el 200 hasta tres veces, logrando el récord absoluto de Galicia y de mi categoría. Y en el 100 quería bajar la barrera de los 12 segundos, pero no en esta competición, y también lo hice», relata.

Solo le superó la cubana Omara Durand, la reina de la velocidad que tiene el récord del mundo en ambas pruebas. «No conocía a ninguna de mis rivales, nunca había competido con ellas. A la cubana es difícil alcanzarla ahora mismo, pero el objetivo es mejorar y batir los récords establecidos, quiero estar a la altura de las mejores y espero algún día ganarle. En Tokio puedo acercarme más a ella porque estaré más potente, no es imposible ganar, me costará llegar a los 23 segundos, pero haré todo lo que esté en mis manos», recalca.

Con constancia, osadía, trabajo diario y perseverancia, la atleta de las trenzas doradas ha cumplido el anhelo que tenía de pequeña cuando vivía en Bamako (Mali). Durante su infancia apenas salió de su barrio por miedo a ser secuestrada y torturada. Su albinismo -tiene un 10% de visión- es una condición genética perseguida y considerada maldita en algunos países africanos. Su familia biológica decidió enviarla a España a vivir con un hermano, pero no salió bien y acabó en un centro de menores.

En 2014 llegó a su vida Lina Iglesias, una profesora gallega que quiso adoptarla. Desde el primer momento supo que era un diamante en bruto y se volcó para que su hija cumpliese su sueño. «Cuando conocí a mi madre adoptiva me dijo que me veía compitiendo como atleta paralímpica, pero yo no sabía ni que existía el deporte adaptado. Me acompañó a Dubai y cuando cogí la medalla se sintió muy feliz. Es la mejor persona que tengo, la que me soporta día a día, es increíble», asevera.

La velocista se tomará unos días de descanso antes de afrontar un nuevo año cargado de retos, con el Europeo y los Juegos Paralímpicos. «Tengo 20 años y si trabajo con cuidado voy a mejorar, hay que ir con cabeza, estoy en mi mejor momento, pero no puedo forzar en los entrenamientos ni ir a lo loco porque puedo lesionarme. Aún no soy consciente de que estaré en Tokio 2020, es un sueño hecho realidad y mi objetivo es ir a por una medalla», apostilla Adi Iglesias, una luz que brilla sobre el tartán.

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