Con su oro en el Mundial de Rotterdam, el deportista de Guadalajara cierra una temporada brillante siendo campeón del mundo, de Europa, de España y de las Series Mundiales de Yokohama.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

Durante muchas noches a Daniel Molina le despertaba el mismo sueño: correr. Con 22 años perdió su pierna derecha en un accidente de moto y la natación se convirtió en su mejor medicina, llegó a disputar los Juegos Paralímpicos de Atenas 2004, aunque lo dejó para probar nuevos retos. En 2011 empezó a ir en bici de montaña y poco después, su ortopeda Jens Müller le diseñó una prótesis para correr. Ahí comenzó su aventura con el triatlón y cinco años después es el mejor del mundo. Es el rey Midas de este deporte, en todas las pruebas en las que ha participado esta temporada ha ganado el oro.

Hace una semana, justo cuando cumplía 43 años, ganó el Mundial de Rotterdam (Holanda) con brazadas, pedaladas y zancadas de perseverancia, tesón y talento. “Era un objetivo por el que llevaba tiempo luchando y lograrlo ha sido mi gran éxito. El último kilómetro lo hice llorando por la emoción. Al cruzar la meta pensé en los años duros que pasé cuando estaba clasificado en una categoría injusta en la que partía con desventaja respecto a mis rivales. Es un sueño cumplido, ser el mejor en lo que hago”, sostiene el alcarreño, que anteriormente había sido doble subcampeón del mundo.

Molina en el Mundial. Fuente: ITU

Su categoría, PTS3 (es amputado tibial por debajo de la rodilla), no entró en el programa de los Juegos de Río de Janeiro en el debut de este deporte. “Lo asumí pronto y decidí afrontar retos como ser campeón del mundo y de Europa. Esta medalla me quita un poco esa espinita de los Juegos. Fue un palo no solo a nivel deportivo, también en lo económico, ya que pasé de estar becado por el Plan Adop a quedarme sin el sueldo, sin ayudas de viajes y sin atención médica. Me vi desamparado”, lamenta.

“El Comité Paralímpico debería ayudar a esos deportistas cuyas disciplinas son paralímpicas pero que por causas ajenas no van en su totalidad. Si ya es duro quedarte sin ir a unos Juegos, lo es más cuando te quitan el dinero que te has ganado”, subraya Molina. Pese a ganar el Mundial, sigue sin recibir nada: “Por la medalla de oro cobraría 33.000 euros al año, pero ni siquiera tengo atención médica”.

Por suerte, cuenta con patrocinadores que le ayudan a sufragar los gastos, como Sacyr, Musaat, Premaat, Mitsubishi Motors, Orbea, Orca, Skechers, Jens Müller Ortopedia, Induo, Ayuntamiento y Diputación de Guadalajara o Junta de Comunidades de Castilla La Mancha. “A nivel material varias marcas me lo dan todo y en lo económico algunas empresas aportan su granito y me permiten dar de comer a mi familia y hacer lo que más me gusta”, añade.

Rendirse no es una opción

Para Molina rendirse nunca es una opción pese a los obstáculos con los que ha tenido que lidiar. Con 22 años iba en moto de camino a casa tras salir del trabajo y un coche que se saltó un ceda al paso lo atropelló. “Me amputaron parte de la pierna derecha y tuve 14 operaciones. No me puedo quejar, la vida me dio otra oportunidad y ahora soy más feliz que antes”, asegura.

Durante su estancia en el hospital lo que más le preocupaba era si volvería a hacer deporte. “Andaba perdido, me inquietaba el no poder practicar las disciplinas que hacía y tener una vida normal”, recuerda. Tras un año de recuperación consiguió andar y después volvió a nadar, algo que ya había hecho hasta los 13 años. “De pequeño no me gustaba, iba obligado a la piscina. Tras el accidente empecé por salud porque engordé mucho, pesaba 100 kilos. Gané campeonatos de España,