Hace historia al ser la primera nadadora con discapacidad intelectual en competir en un Open Primavera de natación en categoría absoluta, donde alcanzó las semifinales.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

Pese a que Mireia Belmonte y Jessica Vall brillaban en el Centro Acuático Inacua de Málaga, otra gran nadadora acaparaba los focos mediáticos. Michelle Alonso rompía una barrera más en la piscina, al ser la primera deportista con discapacidad intelectual que competía en el Open Primavera de natación en categoría absoluta.

Y lo ha hecho a lo grande, clasificándose para semifinales en los 50 metros braza con una marca de 33.55 segundos. Unas horas más tarde se quedó a 52 centésimas de acceder a la final, tras terminar undécima con 33.61. «Estaba muy nerviosa en la cámara de salida, no me esperaba llegar tan lejos. He peleado y trabajado mucho por lograr la mínima, nadie me ha regalado nada. Había soñado siempre con este momento, estoy muy contenta, he superado un reto», asegura.

La ‘Sirenita’ canaria veía una y otra vez en su móvil la prueba que acababa de nadar junto a la campeona de Europa de 200 braza, Jessica Vall, que batió el récord nacional con 31.10 segundos. «Ha sido muy especial y un orgullo nadar junto a ella, me ha hecho sentir un poco más grande. Me ha felicitado, al igual que Mireia, por lo que he conseguido», añade.

En el agua se transforma y saca su garra y competitividad, la misma que llamó la atención de José Luis Guadalupe, técnico del Ademi Tenerife y entrenador de Michelle desde 2009. «Es un hecho histórico porque no tiene las habilidades psicológicas del resto de competidoras. Su discapacidad le limita la técnica, no sabe mantener el ritmo ni controlar las brazadas y le cuesta sufrir en el agua. Ojalá su logro sirva para que España imite a otros países, donde nadadores paralímpicos compiten en un campeonato de inclusión», explica.

Una carrera plagada de éxitos

La tinerfeña acumula un palmarés de lujo donde destacan los dos oros en 100 braza en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 y Río de Janeiro 2016, así como varios títulos de campeona del mundo y de Europa. Con siete años empezó a nadar por recomendación médica debido a problemas de espalda y pronto despuntó, aunque estuvo a punto de abandonar la natación. «Lo pasé mal, no me aceptaban como era, me sentía muy sola y las niñas se reían de mí. Me costaba relacionarme con el resto, incluso salía la última de la piscina y la primera de los vestuarios para evitarlas», relata.

Pero en el Ademi volvió a sonreír, encajó desde el primer día y Guadalupe, su gran valedor, supo explotar sus virtudes. «Venía de un club donde no se integró bien por el ambiente que había, tenía un bloqueo mental y no avanzaba. Cuando llegó a nosotros supimos que tenía mucho talento, calidad y actitud. Con trabajo y sacrificio ha alcanzado todo lo que se ha propuesto», cuenta.