Tras año y medio lesionado, el joven nadador donostiarra regresó a la piscina con cinco medallas en el Europeo de natación paralímpica.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

Disfrutaba de unas vacaciones cuando le comunicaron por sorpresa su clasificación para los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro. En Brasil cumplió un sueño, pero también empezó a vivir una pesadilla que le tuvo más de año y medio en el dique seco por una grave lesión. Pero Íñigo Llopis nunca claudicó y perseveró para regresar a la piscina a lo grande, con cinco medallas en el Europeo de natación en Dublín. El suyo es el triunfo de la fe y la constancia.

Su pasión desde niño era el fútbol, jugaba en el equipo de su colegio en San Sebastián, pero en un entrenamiento se rompió la pierna derecha, en la que sufre una malformación porque nació con el fémur más corto. «Mi brazo también es más pequeño que el izquierdo y solo tengo dos dedos. Llegué a la natación a los 10 años por recomendación médica como rehabilitación. Me enganchó desde que la probé y ya no he vuelto a salir del agua», explica.

Con tesón, talento y sacrificio se ha convertido en uno de los mejores nadadores españoles, pero ha tenido que superar muchos obstáculos para saborear el éxito. «Como tuve tantas operaciones en la pierna afectada, no se me quedó bien y la rótula se desplazó hacia fuera, tenía el cartílago muy dañado. En Río había molestias, pero competí sin dolor. Después probamos con varios tipos de tratamientos, como infiltraciones y una artroscopia, pero estuve sin entrenar toda la temporada», relata el guipuzcoano. Al final, se agarró a la última bala, una operación «más agresiva» que funcionó.

El salto de calidad lo dio en las instalaciones del Centro de Alto Rendimiento de Madrid a las órdenes de Darío Carreras, Paco Ocete y Carlos Salvador. «Allí tenía los mejores medios para recuperarme, fisioterapeutas que me han cuidado y un grupo de técnicos que se han volcado conmigo, me han ayudado mucho en mi progresión y han sacado mi mejor versión. Siempre les estaré agradecido», recalca.

Un trabajador nato

«En diciembre no sabíamos si la lesión tendría solución, pero Íñigo nunca se vino abajo, es un trabajador nato y puso todo lo que estaba en sus manos para salir adelante. Cuando empezó a encontrarse bien, mantuvo la constancia y la confianza, creyó en la labor que estábamos haciendo y los resultados han llegado solos. Con las características que tiene como nadador y con su fortaleza mental, es un chico con mucho futuro», subraya Carreras.