Nació con albinismo, una condición genética que en su país de origen, Mali, es una condena social. Ahora es una de las promesas del atletismo paralímpico español y campeona absoluta de Galicia en 100 y 200 metros.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

La vida de Adiaratou Iglesias ha sido una continua batalla ante las adversidades desde que nació en Bamako (Malí) hace 20 años. Durante su infancia apenas salió de su barrio por el miedo a ser torturada. La razón: su albinismo, una condición genética perseguida y considerada maldita en distintos países africanos. En 2010 viajó a España en busca de una oportunidad y encontró en el atletismo el refugio sobre el que cimentar un nuevo proyecto de vida. Ahora sueña con una medalla en el Mundial y con acudir a los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020.

Adi, como le gusta que la llamen, ya sonríe, pero su camino hacia la felicidad ha sido escabroso. Mujer y albina es una combinación peligrosa en su país de origen. «Vivos nos consideran gafes y malditos. Durante una época surgió un grupo de cazadores que asesinaban a los albinos y ahora lo que hacen es amputar una parte de tu cuerpo para venderlo como amuleto o enterrar el pelo para atraer la buena suerte y la riqueza. Todo es fruto de la ignorancia», lamenta la joven.

Adi Iglesias antes de una carrera. Fuente: Lucus Caixa Rural

Ella nunca fue consciente de haberlo pasado mal ya que sus padres no le dejaban salir de su aldea, «o estaba en casa o visitaba la de al lado como mucho. No había peligro porque todos me conocían. Eso sí, fuera de esa zona de seguridad quizás me habrían secuestrado o matado». Con la idea de prosperar, a los 12 años su familia decidió enviarla a La Rioja a vivir con un hermano. Sin embargo, pronto la alegría se tornó en pesadilla.

«Empecé a ir a la escuela, aprendí un nuevo idioma y me gustaba. Pero la situación se agravó porque mi hermano no se portó bien conmigo y acabé ingresando en un centro de menores. No le guardo rencor, incluso agradezco haber pasado esa etapa complicada ya que de lo contrario no sería quien soy», asegura Adi. Y la persona que dio un giro a su vida fue Lina Iglesias, su madre adoptiva, que movió cielo y tierra en Lugo para que cumpliera su sueño de niña: ser atleta.

«En Mali veía algunas carreras por televisión pero sabía qu